Todos están con buena onda. "¿A dónde te vas? ¿Con quién pasás el fin de año?", resuenan en conversaciones de pasillo. De pronto alguien aparece, otro se levanta, hay un abrazo, resuenan las palmadas en la espalda, hay chistes y los demás elevan un momento la cabeza. "Hay clima de despedida", certifican, y siguen trabajando, felices de ver a los suertudos para los cuales terminaron el año, el trabajo, el cansancio y las renegadas. Alguien habla un poco de los temas del día -el escándalo en Santa Cruz, la contaminación del Salí, Cristina- y de la ilusión de la lluvia que apenas mojó las calles pero no se llevó el calor ni la humedad. De pronto uno se pone serio: "tengo algunas malas noticias: ya se está yendo la mitad de la Redacción. Los que se quedan, ya saben, ¿no?". Y sí. Ya saben. Pasa en todos los trabajos. Los que se van disfrutan, los que se quedan apechugan. Igual se mantienen la buena onda y las endorfinas del fin de año.